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Luis de Trelles y Noguerol nació en Viveiro (Lugo) -España-, el 20 de Agosto de 1819, en el seno de una familia profundamente cristiana y de noble linaje.
Hombre de temperamento muy activo, de preclara inteligencia y de gran erudición, hizo los primeros estudios en el “Colegio Insigne de la Natividad de Nuestra Señora de la villa de Viveiro”, fundado por Doña María Sarmiento de Sotomayor (1567 -1603). Allí empezó a forjarse el carácter y la personalidad de nuestro hombre en el ambiente de austeridad y estricta disciplina.
En 1830, con tan solo 11 años, es enviado al Seminario Conciliar de Mondoñedo, centro superior donde se podía cursar entonces la enseñanza media. Allí cursó Humanidades y Filosofía Escolástica, impartidas en latín, destacando por su aplicación y actitudes para el estudio de las asignaturas de Lógica y Dialéctica. |

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De 1833 a 1838 sigue la carrera de Leyes en la Universidad de Santiago de Compostela, de gran prestigio en aquel momento. A la vista de su brillante expediente se le autorizó a adelantar un curso, graduándose de Bachiller (equivalía a una Diplomatura actual) a claustro pleno, nemine discrepante en 1836. Al terminar el curso siguiente y último de la carrera impartió clases de Derecho Civil.
En esta Universidad destacó por su brillantez intelectual, por el dominio de los idiomas y por sus dotes de enseñante como profesor encargado de la asignatura de Derecho Civil. Con otros alumnos de la Universidad y de la sociedad compostelana promovió distintas iniciativas intelectuales. Coincidió con otros alumnos que más tarde destacarían en la política y la literatura gallega y española: Carracido, Neira de Mosquera, Cociña, Faraldo, etc.
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A partir de Julio de 1840, ejerce Luis de Trelles como abogado en su ciudad natal, Viveiro (Lugo). Y en Julio de 1842, se traslada a La Coruña, donde se matriculó como abogado en ejercicio, destacando desde el primer momento por su inteligencia y profundo conocimiento del Derecho. Simultanea sus tareas forenses con el estudio de idiomas, llegando a dominar el inglés.
Durante esta etapa como letrado en la ciudad herculina, desempeñó el cargo de Abogado de los pobres, sin retribución alguna. Forma parte de la junta de gobierno del Colegio de Abogados, Secretario de dicho Colegio y Vocal de la Comisión que redactó el Proyecto del Reglamento para el Régimen interior de dicho Colegio. Por encargo de la misma Junta de gobierno de Abogados, formuló una serie de observaciones sobre la reforma del Código Penal, derivada de la Real Orden de 16 de Abril de 1851.
En esta misma época, y a pesar de su juventud, desempeñó importantes cargos en el ámbito de la Jurisdicción militar, así como la Asesoría y Fiscalía de Rentas de la Coruña, y obteniendo al mismo tiempo el nombramiento de Auditor de Guerra y Fiscal Sustituto del Juzgado de Guerra de aquel Departamento Militar. |

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Fue designado por el Capitán General para ejercer interinamente como Fiscal del Juzgado Privativo de Artillería e Ingenieros del 4º Departamento Militar, y la audiencia Territorial le nombró Auditor de Guerra, cargo que desempeñó hasta su marcha a Madrid. Desde estos últimos cargos contribuyó a los proyectos de desarrollo de la región gallega en la modernización de los núcleos urbanos.
En esta etapa coruñesa, junto con otros abogados, fundó la Revista Periódica, Jurídica y Administrativa de Galicia, en la que colaboró asiduamente, a la vez que escribía en otros periódicos y revistas de la región sobre temas sociales, económicos, políticos y jurídicos, destacando sus estudios sobre la aplicación del Art. 248 del Código Penal, - donde defiende el principio in dubio pro reo; Art. 45 de la Ley Provisional, donde se decanta por el principio de legalidad y el control jurisdiccional de los medios de prueba - y en otras materias jurídicas de gran importancia.
A partir de 1852 comienza una nueva etapa para Luis de Trelles. Se traslada a Madrid, que será el centro de sus actividades y se implica activamente en la política. Es elegido Diputado por la circunscripción de Viveiro, su pueblo natal, en las elecciones de 1853. Posteriormente renuncia a su escaño por desacuerdo con la política seguida por el Gobierno.
A partir de entonces desarrolla una gran actividad política, periodística y legalista: Junto con sus amigos Vicente Cociña, y Tiburcio Faraldo fundan el diario El Oriente, de carácter regeneracionista, cuyo ideario básico podía condensarse en el compromiso de combatir por la justicia, la legalidad y la libertad: “Queremos legalidad en el poder, en los partidos, y en el país. Legalidad en el poder, que significa respeto a todos los derechos y cumplimiento de todos los deberes…Legalidad en los partidos, tolerancia en todas las opiniones… Legalidad en el país, con el principio de autoridad, que es la base del orden público”.
La línea de este periódico molestó enormemente al gobierno de Sartorius, y sus responsables fueron objeto de una violenta persecución, porque ejercían una fuerte crítica con las actuaciones de este gobierno, en especial por la censura impuesta a la prensa. Su fundador y director, Vicente Cociña, fue perseguido y se vio obligado a huir a Córdoba, falleciendo poco después. Le sustituyó Don Luis de Trelles, por breve tiempo, pues enseguida el diario dejó de publicarse.
Siguieron unos años (1854-1864) que Trelles se dedicó casi exclusivamente a su vida privada y a su profesión jurídica, fuera de la política. En estos años vuelve a desempeñar a menudo la función de “abogado de los pobres”, sin retribución alguna. Y destacan también las defensas realizadas en el ámbito de la jurisdicción canónica y sus profundos y reconocidos estudios acerca de los foros.
Investigó en los temas jurídicos de actualidad: publicó en el Faro Nacional 15 artículos sobre los “Foros de Galicia”, en los que, además de un estudio histórico profundo, analizó los problemas de su redención y sus consecuencias en el ámbito social de aquella región, lo que determinó que el Congreso de los Diputados le encargase la redacción de un dictamen sobre “El Proyecto de Redención de Rentas Forales y Pensiones de Galicia, Asturias y León”.
Fueron años políticamente muy agitados en que se sucedieron revoluciones y sucesivos cambios de gobierno. Y Don Luis de Trelles, desengañado de la política, rechazó un cargo diplomático que le ofrecían. El, ya no estaba para esas lides. Había encontrado la causa por la que merece la pena luchar: ha re-descubierto la fe católica en que fue formado por su madre, y por las largas horas de estudio y oración en el Colegio Insigne de Viveiro y en el Seminario de Mondoñedo.
Está surgiendo un nuevo Trelles, que habrá de ser el Apóstol de la Eucaristía: Y en este camino recorrerá varias etapas: En 1858 fundó en Viveiro, su ciudad natal, las Conferencias de San Vicente de Paúl, movimiento que contribuyó a divulgar en España, iniciando así toda una actividad asistencial que le acompañó durante toda su vida. Es un hecho que nos muestra la metamorfosis que se está produciendo en Don Luis y que poco a poco se irá manifestando más claramente.
Un acontecimiento que constituyó un aldabonazo para despertar la fe combativa de Trelles, fue el conflicto suscitado entre el gobierno de Italia y el Vaticano, con la creación del Reino de Italia el día 14 de Marzo de 1861, que liquidaba los Estados Pontificios e iniciaba la prisión del Papa en el Vaticano. Ante estos hechos, el siervo de Dios levanta una auténtica cruzada de oposición al reconocimiento del Estado italiano y en defensa de la causa católica, de gran resonancia en su provincia de Lugo.
Un viaje a Paris en 1862 fue la ocasión de conocer la Adoración Nocturna que allí se practicaba, que había sido promovida por el judío converso Hermann Cohen. Por primera vez adora a Jesús Sacramentado de noche y descubre con claridad la dirección que han de tomar sus afanes. A partir de entonces, las últimas dudas se desvanecen. Sabe exactamente qué es lo que quiere y está decidido a llevarlo adelante sin vacilaciones: se consagrará a la fundación y propagación de la Adoración Nocturna en nuestro país, aunque no faltaran trabas y dificultades.
El 19 e Marzo de 1863 a los 43 años contrae matrimonio en Madrid con Doña Adelaida Cuadrado Retana, de 35 años, de linaje sevillano. De esta unión nacieron tres hijos, dos de los cuales fallecidos prematuramente, lo que fue causa de un gran dolor para un padre, muy amante de sus hijos. Le sobrevivió una hija, D.ª María del Espíritu Santo, a la que profesó un tierno afecto y que trató de formar en la fe cristiana, ejerciendo de padre y catequista. A ella le dedicó siete hermosas cartas catequéticas de gran profundidad y belleza.
Don Luis de Trelles es un hombre plenamente maduro, estabilizado en el plano personal y espiritual. Ejerce su profesión de abogado y su bufete goza de gran prestigio, pero son años de grandes convulsiones políticas en España, que se debate en luchas y enfrentamientos entre diversos bandos, se ataca a la Iglesia y se persigue a las comunidades religiosas
Trelles vive su fe ahora y siempre como una milicia, como una fuerza que le lleva a una actuación sin desmayo y que invade todas las facetas de su vida. Y ante la situación de peligro en que se encuentra su Patria y la Iglesia Católica, siente el impulso de comprometerse de nuevo en la política, movido por su vocación de servicio, como una entrega absoluta a un ideal y sobre todo por un compromiso espiritual.
Dotado de una enorme capacidad de trabajo, pone en juego todos sus conocimientos y aptitudes que le confieren su profunda preparación y vasta cultura. Y así, en estos difíciles años, desarrolla una ingente labor en la vida pública, en los tres campos en los que él se desenvuelve con notable fortuna: como jurista, como periodista y como político.
Forma parte de un grupo de asesores jurídicos de la denominada Asociación de católicos encargados de resolver consultas relativas a cuestiones electorales, así como de defender ante los Tribunales de Justicia a aquellos simpatizantes de la Causa que fueran víctimas de atropellos o violencia. Era “un colectivo de abogados celosos no retribuidos, y dispuestos siempre a denunciar a las autoridades cualquier abuso de que pudiese ser objeto alguien del bando de los perdedores”. Este colectivo de Juristas fue la semilla de la llamada “Comisión central de Abogados para la protección y defensa de los Carlistas” (de la que fue presidente), que elaboró multitud de dictámenes y obtuvo sonados éxitos en el foro, defendiendo a legitimistas encausados.
Entre las causas defendidas por D. Luis están algunas de las más destacadas de la época. Así el 4 de Diciembre de 1869, defendiendo a unos carlistas, tuvo una grave discusión de más de una hora de duración con el regente de la audiencia de Madrid, que presidía la vista, acerca de los límites de su defensa, quedando victorioso el letrado y absueltos los reos. |

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Fue muy notable la defensa de D. Lucio Dueñas, cura ecónomo de Alcabón, y otros procesados que estaban acusados de rebelión, en cuya circunstancia pronunció un discurso magistral en que reclama la nulidad del procedimiento por haber quebrantado las garantías procesales y ruega a los magistrados se abstengan de hacer un juicio político, sino que se sometan al “círculo de hierro que trazan las leyes a los tribunales” y que “se sujeten a la propia conciencia y a Dios”. Actuó en otros muchos casos y siempre con gran brillantez.
Como periodista colaboró activamente en los diarios La Esperanza y El pensamiento Español. Especialmente después de la revolución de 1868 se intensificó esta colaboración y se hizo más comprometida. Fue redactor de la Regeneración, El Pensamiento Español y La Esperanza, En estos periódicos publicó numerosos artículos y editoriales en los que se manifiesta la fervorosa pasión que le mueve en defensa de la justicia y la protección de la Iglesia Católica, que era perseguida y expoliada. Por esta causa eran frecuentes los enfrentamientos con el diario gubernamental El Imparcial, siempre al servicio del gobierno y por eso, tendencioso. Don Luis en sus artículos se expresaba así: “La unidad católica es, para el que nació en la privilegiada tierra de España, como el alma al cuerpo, como la luz a los ojos, como el respirar a la vida humana”.
Como político, eran años en que los acontecimientos políticos convulsionaban España. Se sucedían, los cambios de gobiernos, y las
Revueltas para quitar jefes de gobierno y poner otros, siempre por medios violentos. En el año 1868 estalla la revolución que intensificó la persecución contra la Iglesia Católica. Suprimieron las Asociaciones religiosas, las Facultades de Teología, los colegios católicos, así como la utilización de locales dependientes de la Iglesia.
Es en la situación crítica, en el momento de auténtico peligro, cuando la grandeza de los hombres se muestra más claramente. Y Trelles decide implicarse en la batalla política, dando la cara a la violenta revolución, poniendo en práctica el impulso que le guiaba: Sacudamos la somnolencia que nos oprime y ofrezcamos…una resistencia unánime y concentrada; la firma y el voto son nuestras armas. Empleémoslas a la luz del sol…
Afiliado, junto con otros, al partido carlista, ya que era el único partido que defendía la Iglesia Católica, formó parte de la Junta Central de la Comunión Católico Monárquica y se presentó en las elecciones generales de diputados, por la provincia de Cáceres. Intervino en sucesivas campañas. Figuró como miembro nato de la Junta a título de delegado provincial por Coruña y Santiago, y más tarde fue elegido Diputado por Vilademuls, provincia de Gerona. Su actuación en la política estaba impulsada por su compromiso espiritual, con el lema: católicos, antes que políticos; políticos en cuanto la política conduzca al triunfo del catolicismo.
En el Congreso de los Diputados batalló por la causa tradicionalista con tan sinceras palabras que sus mismos adversarios le respetaban y admiraban. Las intervenciones parlamentarias de nuestro diputado fueron muy señaladas y brillantes, siempre defendiendo la justicia y la legalidad y oponiéndose a las actuaciones arbitrarias cuando limitaban los derechos de los ciudadanos. Combatió las disposiciones que atacaban los principios cristianos: “La creencia de los que tenemos la altísima honra de ser católicos es que la religión está herida de muerte…Porque aquí se puede hablar de un dios falso destronando al verdadero…”
La legislatura en que militaba Luis de Trelles fue muy corta a causa de los cambios que se sucedían y al ser vencido el movimiento carlista donde él militaba, los diputados y senadores perdieron la inmunidad parlamentaria y el gobierno comenzó la persecución de los carlistas. El siervo de Dios fue preso por orden del gobierno, por el simple hecho de haber sido diputado. En la prisión escribió una hermosa carta, relacionando la situación del preso con la condición de Jesús Sacramentado, preso por amor en el sagrario: Si, Dios mío, vos estáis también preso por amor en la Hostia Consagrada…/Preso por amor y por voluntad, por tal de comunicaros dulce e íntimamente a los que lo merecen, sois el consuelo y el amparo de los que están encerrados por orden de los tribunales o de las autoridades.
Trelles había experimentado los sinsabores de los avatares políticos y las defecciones de los que habían combatido en su bando pero que huyeron como ratas. Vivió la tragedia de aquellos años amargos de guerras e injusticias. Y a la postre de su sacrificada experiencia política, el siervo de Dios movido por una fuerza interior irresistible, trasformó el programa político en un programa espiritual y puro: el único proyecto el que arrancaba de la oración. Y de este modo, Don Luis, sintió la llamada de Dios por medio de los acontecimientos y se trasformó en un confesor de su fe y un fundador. Se trató de un proceso de crecimiento espiritual interior, que ocurrió con pasión, con rigor y con delicadeza, como Dios suele hacer las cosas, influyendo internamente en el alma de una forma natural y a la vez sobrenatural, como son las obras del Espíritu Santo. El siervo de Dios ve claro su camino que le lleva a dedicar todas sus energías, con una pasión incontenible a la adoración de JESÚS SACRAMENTADO.
En este ambiente de guerra, con motivo de la tercera Guerra Carlista es cuando la actividad de Trelles adquirió su dimensión de hombre excepcional, tanto como abogado, como apóstol de la caridad. Promovió el “Protocolo para la protección de los no combatientes” que fue aceptado por ambas partes contendientes, y cuyas cláusulas se adelantaron en más de cincuenta años a los Convenios de Ginebra. Gestionó la libre circulación de las comunicaciones ferroviarias entre las zonas en conflicto, la inviolabilidad de la correspondencia, la protección e inmunidad de los lugares sagrados y asistenciales, la asistencia sanitaria y humanitaria a favor de los combatientes prisioneros y la eliminación de las represalias.
Como mediador de canjes realizó una ingente labor para la liberación de prisioneros de ambos bandos, con una abnegada actuación humana, intelectual y espiritual, Recorrió miles de kilómetros. Escribió cientos de cartas, negociando, demandando clemencia y procurando suavizar los efectos crueles de la guerra. Todo ello en medio de incomprensiones y trabas, que no impidieron que Don Luis de Trelles con admirable tesón, llevara a cabo la liberación de más de 20.000 prisioneros de guerra y su integración a la vida civil. Fue la obra humanitaria más importante en esta guerra.
En adelante Don Luis de Trelles se dedicará a lo que es su pasión, y su lucha será por la gloria de Jesús Sacramentado y por la salvación de las almas. En su afán por promover y difundir el culto al Señor Sacramentado, impulsó innumerable Asociaciones Eucarísticas: El Culto Continuo al Santísimo Sacramento, que consistía en un compromiso de recibir la Eucaristía en un día señalado, fundado por D. José María Zamora Granados, que al fallecer éste, dejó encargado de la Obra a Trelles, que se hace cargo precisamente en plena contienda revolucionaria del 68, que desató de nuevo la persecución contra la Iglesia.
Ante tan desesperada situación, Don Luis, acepta la dirección de este Movimiento, porque piensa que ante tantos males, el remedio era: la comunión sacramental que, al poner al hombre en contacto e íntima relación con Dios, le otorga todos los auxilios de su gracia… En esta obra trabajó intensamente y la extendió por toda España. Para contribuir a su difusión fundó la revista La Lámpara del Santuario, que editó, costeó, dirigió y redactó durante 21 años y seis meses, considerada la primera publicación de espiritualidad eucarística de España. En ella publicó escritos de una gran belleza y profundidad teológica.
Fundó el Centro Eucarístico de Madrid, al que quedaron vinculadas las obras eucarísticas por él fundadas, cuya función se podía resumir en estos principios:”Cuando se conmueven los seculares fundamentos de la sociedad, acudamos nosotros al tabernáculo de Dios con los hombres; cuidemos de su culto y de su decoro; fomentemos su comunión sacramental frecuente y digna…enfervoricemos a nuestros hermanos en esta santa empresa… y después de haber llevado a cabo esta buena obra, nos veremos protegidos y defendidos por aquel que camina sobre las alas de los vientos…”
Pero la obra cumbre que ocupó la última parte de su vida y a la que dedicó todos sus afanes, fue la fundación de la ADORACIÓN NOCTURNA EN ESPAÑA, proyecto que desde tiempo abrigaba Don Luis, pero que se veía retrasado por la situación tan agitada por la que atravesaba la nación: “Muchas veces se planteó el problema de instalar la Adoración Nocturna en Madrid y otras tantas se abandonó el proyecto por estar erizada de dificultades y peligros. Reunirse un puñado de católicos, y mucho menos de noche, era considerado como una terrible amenaza para el poder constituido”.
Esta situación de recelo, cuando no de abierta persecución retardó el nacimiento de la Adoración Nocturna; pero gracias al titánico esfuerzo de Trelles, que fue, por encima de todo un hombre de fe inasequible al desaliento, la obra pudo llevarse a cabo. Esa fe, era ante todo, una fe en Dios, y esa fe se traducía en confianza, pues el Señor, escribe Trelles, no falta jamás a los que confían en El.
Y así, valiéndose de medios, muchas veces providenciales, tiene lugar la fundación de la Adoración Nocturna en España el día 3 de Noviembre de 1877. En la Iglesia de San Antonio del Prado, en Madrid, se reunieron los siete primeros adoradores y con estos siete hombres, Cristo iniciaba la reconquista eucarística en España, los cuales, con sólo dejarse guiar por Cristo Rey, llegó a formarse un formidable ejército que ha conseguido invadir todo el reino de España, conquistando cien fortalezas al error y dando guardia real a mil sagrarios y haciendo rendir banderas ante el Cuerpo de Cristo...
Desde entonces, Don Luis de Trelles se dedicó totalmente hasta su muerte, a promover y organizar la obra, consiguiendo la fundación de más de medio centenar de centros por todo el país, que, gracias a su impulso ha ido creciendo y en la actualidad cuenta con más 25.000 adoradores, extendiéndose además de España en otros países: Portugal, México, Argentina, República Dominicana, Cuba, etc.
Otra de sus inquietudes es hacer participar a las mujeres seglares en el trato íntimo con el servicio del altar, hasta entonces reservado exclusivamente a los hombres, y Don Luis tiene en su mente la creación de la que será otra de sus aportaciones personales en el ámbito del espíritu eucarístico: Las Camareras de Jesús Sacramentado, que realiza en l881.
La actividad del Siervo de Dios, era incansable: organizar, alentar y visitar los Centros, los trabajos publicados en la Lámpara del Santuario, que supone un esfuerzo literario y editorial extraordinario, los innumerables viajes, la inauguración de nuevas secciones, todo ello sin dejar su profesión como abogado, muchas veces sin remunerar.
Y en el ejercicio de su profesión ejerce la defensa de casos difíciles, sobre todo de los más indefensos y marginados, de los que otros abogados no se ocupaban. Merece especial mención el caso muy complejo de Doña Baldomera Larra y Wertoret acusada de fraude y alzamiento de bienes. La defensa de Don Luis resultó muy acertada y de gran resonancia y se vio coronada por el éxito, logrando la absolución de la acusada.
Trelles vivió la entrega a su Señor Jesucristo como una milicia, como un servicio: “Somos soldados de Jesús Sacramentado; y sólo debemos hacer lo que hace Jesucristo: pedir al Padre por todos, por la Iglesia, por la paz pública, por los pecados, por todos los hombres… Nuestras oraciones deben dirigirse al bien general de la Iglesia”. No se desalentaba ante las circunstancias adversas: “Pasamos por días de prueba y amargura, pero seamos guardadores de la fe que nunca se extingue, y que arraigan en su pecho hombres y mujeres a quien ni la seducción corrompe, ni la ambición ofusca, ni la contrariedad abate; ostentemos nuestra fe y pensemos que con fe no hay contradicción que no se venza, ni esperanza que no se cumpla”.
El siervo de Dios vivía animado por la pasión de adorar a Jesús Sacramentado y conducir los corazones al Sagrario. Quería “alabar al Dios de su corazón y su Señor Jesucristo con la boca pura de los confesores, con la candidez de las vírgenes, con el ardor de los mártires, y con el amor en fin, de las almas santas. Anheló llegar a ser uno de esos varones justos que operan su salvación con temor y temblor aquí en la tierra…Para alcanzar la meta, como diría San Pablo.
Y así, sin decaer nunca de su temple, cumplida su etapa, el 1 de Julio de l891 el Señor lo llama a “tomar posesión del Reino que le estaba preparado”.Termina su carrera aquí en la tierra, pero su obra perdura y se ha propagado y son miles los cristianos que han bebido en las aguas limpias de su ideal. De él puede decirse que es uno de esos varones que después de su muerte, propagan, contagian, y dilatan el aroma de sus virtudes y su perfección por medio de los fieles que le son devotos y le siguen en su proyecto trascendental de acompañar, adorar y propagar el amor a Jesús Sacramentado.
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