Un laico católico que vivió encendido en amor a Jesucristo Sacramentado, fundó la Adoración Nocturna en España y puso su vida al servicio de la Iglesia.
Decía: “Somos soldados de Jesús Sacramentado y sólo sabemos hacer lo que hace Jesucristo: pedir al Padre por todos, por la Iglesia, por la paz del mundo, por los pecados, por todos los hombres…”
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- Vida Familiar - Tomo a María y José como ejemplo de familia
- Abogado - Fué llamado el "Abogado de los pobres"
- Político - Defendió sus ideales de justicia, libertad y legalidad
- Periodista - Lucho contra la censura y predicó la libertad de expresión
- Fundador - Fundó innumerables asociaciones de culto entre ellas la adoración nocturna
- Seglar - Luis fué un seglar que puso su vida al servicio del Señor
- Mediador de Canjes - Toda su vida ejercitó la virtud teologal de la caridad
- Su tránsito - Sus amigos y colaboradores notaban su agotamiento
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Luis de Trelles, Abogado 
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"Don Luis quiso ser siempre un abogado de la justicia, y no hizo otra cosa en su vida que orar por los débiles y defender a los pobres y marginados. (D. Francisco Puy Muñoz)
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Don Luis de Trelles, nacido en Viveiro, Lugo, en 1819, mostró desde los primeros años de estudiante, una gran inclinación al estudio de las leyes. Lo cierto es que esta afición la heredaba de su padre que ejercía la profesión de abogado y también su abuelo había practicado la misma profesión.
De 1833 a 1838 cursa la carrera de Leyes en la Universidad de Santiago de Compostela, con gran aprovechamiento y, ya en 1839, enseña la asignatura de Derecho como profesor encargado por el claustro. A partir de 1840 abrió despacho de abogado en su ciudad natal, Viveiro. Y posteriormente, en 1842, se traslada a La Coruña donde se matricula como abogado en ejercicio, destacando desde el primer momento por su inteligencia y profundo conocimiento del Derecho Civil. Fue abogado de los pobres, entonces ejercicio voluntario y gratuito; miembro de la Junta de Gobierno del Colegio de Abogados y Secretario de dicho Colegio. Por encargo de la misma Junta de Gobierno realiza una serie de observaciones en torno a las modificaciones sufridas por el Código Penal, como consecuencia de la aprobación de la Real Orden del 16 de Abril de l8 51.
En esta misma época, y a pesar de su juventud, desempeñó la asesoría y Fiscalía de Rentas de la Coruña, y por nombramiento de la sala de Gobierno de la Audiencia, la Cátedra del Notariado y la Secretaría de la Junta del Cuerpo de Notarios. Asimismo obtiene el nombramiento de Auditor de Guerra y Fiscal sustituto del Juzgado de Guerra de aquel Departamento Militar.
Ejerce la profesión jurídica en La Coruña durante diez años y comienza a escribir en El centinela de Galicia, periódico político, literario e industrial fundado por Vicente Cociña y Tiburcio Faraldo, ilustres vivarienses. La publicación salía a la luz tres días a la semana. En 1844 ambos fundadores otorgaron poder judicial a Trelles para que se personase en el expediente que contra ellos se instruía a instancias del Ayuntamiento de Betanzos por denuncia en relación con un artículo inserto en el mencionado periódico.
En 1852 se funda en La Coruña la Revista Periódica y Administrativa de Galicia, donde se recogen artículos jurídicos nacidos de la pluma de nuestro personaje, algunos de gran importancia. Uno de ellos lleva por título “Estudio sobre la aplicación del artículo 248 del Código Penal”. Trelles realiza una interesante distinción entre la acción de calumnia o injuria, que eran delitos privados, incoada únicamente a instancia de parte, y su diferencia con respecto a la acusación calumniosa, delito público, perseguido de oficio. Termina el artículo invocando el principio de que, al reo, en la interpretación de las normas penales, habrá de dársele la interpretación que resulte más favorable al inculpado.
En otro artículo hace Trelles un interesantísimo resumen acerca del fundamento, límites y finalidad del Derecho Punitivo. Dice: …Sea cual sea el origen que se suponga del derecho a castigar, […] este derecho tiene un límite del que no puede salir. […]Para que castigue el poder social se requiere que haya necesidad de la pena…que el delito sea apreciable a la vista y a juicio de la sociedad…La ley es el oráculo de los pueblos y la expresión de sus necesidades y sus deberes, y es preciso que se detenga ante la barrera que limita estos grandes objetivos…
En Julio de 1852, traslada su domicilio a Madrid, donde abre bufete de abogado, y se dedica a su profesión con intensa actividad. Vuelve a desempeñar la función de “abogado de los pobres”, sin retribución alguna. Entre las causas defendidas personalmente por Don Luis de Trelles están algunas de las más destacadas de la época, defendiendo con especial energía cualquiera que fuese víctima de algún atropello o violencia.
Eran años muy convulsos, en que se sucedían las revueltas y se perseguía a los vencidos; y D. Luis toma parte por los que son víctimas de injusticias. Formó parte de la Asociación de Católicos y organizó las Juntas de Abogados Carlistas, comprometidos en la defensa de los carlistas, que en aquel momento eran hostigados. Defiende a señalados personajes con gran brillantez y consigue la libertad de muchos. Invoca la necesaria independencia del poder judicial y defiende la legalidad en la esfera política, que es la síntesis de la justicia, de la moralidad y de la libertad. Defendió la legalidad en todas sus actuaciones y fue un defensor de la libertada política, la libertad de prensa, la libertad de reunión y la libertad religiosa. Promovió el respeto a la propiedad privada y el precaver el delito con la ley y siempre dentro de la ley.
Entre las causas defendidas por Don Luís, están algunas de las más destacadas de la época, como la que ejerció defendiendo en la Audiencia de Madrid a don Lucio Dueñas y Caro, cura ecónomo de Alcabon, que había sido condenado a muerte. En apelación ante la Sala Primera de la Audiencia de Madrid, y en su defensa, Don Luis pronunció un discurso magistral, consiguiendo que la pena de muerte fuese conmutada por el destierro, y posteriormente pudo regresar a España.
Otra causa muy notable defendida por Don Luis de Trelles, fue la defensa de la “Conspiración de Sigüenza”, formada por don Joaquín García Muñoz y otros ocho hombres. El 10 de Mayo de 1870, en vista pública de la Audiencia de Madrid, Don Luis emitió su alegato con un magnifico discurso, en el que, basándose en los principios de los derechos individuales desarrollados en la Constitución, no se trataba de una conspiración, sino de una lícita reunión. Las líneas maestras de sus actuaciones se basan en los derechos individuales, en las garantías procesales y en la necesaria independencia del poder ejecutivo.
Uno de los casos más significativos acometido por el abogado Trelles fue la defensa de Doña Baldomera Larra y Wertoret, que asumió por considerarla una persona perseguida, marginada y previamente condenada por el vulgo sin oírla. Don Luis se ocupó de este caso tan complejo desde el punto de vista jurídico, comenzando por tipificar adecuadamente el supuesto delito cometido por Doña Baldomera, distinguiendo entre lo que es moralmente reprobable y lo que legalmente es delito. Doña Baldomera era una especie de “banquera popular” que aceptaba depósitos de dinero por el que pagaba intereses elevados. Cuando abandonó su domicilio, el 4 de diciembre de 1876, recayeron sobre ella las sospechas de fraude, y sin más motivo aparente le fue incoado un proceso penal por el delito de alzamiento de bienes.
La defensa de Don Luis de Trelles fue muy acertada, y su argumentación tendió a demostrar que el fracaso de las operaciones bancarias fue debido a desgraciados azares e imprevistas eventualidades; pero no al engaño, ni al deliberado propósito de defraudar a los depositarios, los cuales, además, le buscaban a ella, suplicándole que les aceptase el depósito, por el que ella le rentaba un interés fuera de lo común. El abogado Trelles, desarrollando brillantes razonamientos legales, muy ingeniosos, logró la libre absolución de su patrocinada. (Doña Baldomera era hija de don Mariano José de Larra, y curiosamente, este año 2009, se celebra el segundo centenario de su nacimiento)
La abogacía fue la primera vocación profesional de Don Luis de Trelles, que ejerció hasta el final de su vida, y en todas sus actividades relativas al ejercicio del Derecho, se descubre el modelo de hombre de Dios, válido para servir de ejemplo a todos los que se esfuerzan por vivir y crecer según los principios de la Fe. La virtud y el derecho fluyen en él con absoluta naturalidad y desde lo más íntimo de su ser, cual corresponde a quien habla de lo que está convencido y que rebosa de su corazón.
Podemos terminar con las palabras que el Profesor Don Francisco Puy Muñoz, le dedica en su conferencia: “Don Luis quiso ser siempre un abogado de la justicia, y no hizo otra cosa en su vida que orar por los débiles, que son los que mayormente sufren las injusticias. Así, se perfiló a sí mismo como un defensor de los débiles. Por eso no tuvo apenas otros clientes que a pobres, perseguidos y atribulados. Por eso defendió a la Galicia oprimida por caciques y próceres; por eso defendió a la Iglesia católica perseguida por la revolución en España. Por eso defendió en Europa la causa de Pío IX, prisionero en El Vaticano. Por eso defendió a los españoles miembros del partido Carlista, procesados después de ser expropiados, desterrados y encarcelados. Por eso defendió a la víctima de la usura llamada Doña Baldomera Larra y Bertoret. En todos estos casos, Don Luis se afana en dos tajos a la vez: en la vida pública actuando como jurista, periodista y político y en la vida privada orando como cristiano. Todo lo que hizo en su vida fue una gigantesca oración por los desamparados y oprimidos”.
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