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Un laico católico que vivió encendido en amor a Jesucristo Sacramentado, fundó la Adoración Nocturna en España y puso su vida al servicio de la Iglesia.
Decía: “Somos soldados de Jesús Sacramentado y sólo sabemos hacer lo que hace Jesucristo: pedir al Padre por todos, por la Iglesia, por la paz del mundo, por los pecados, por todos los hombres…”
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- Vida Familiar - Tomo a María y José como ejemplo de familia
- Abogado - Fué llamado el "Abogado de los pobres"
- Político - Defendió sus ideales de justicia, libertad y legalidad
- Periodista - Lucho contra la censura y predicó la libertad de expresión
- Fundador - Fundó innumerables asociaciones de culto entre ellas la adoración nocturna
- Seglar - Luis fué un seglar que puso su vida al servicio del Señor
- Mediador de Canjes - Toda su vida ejercitó la virtud teologal de la caridad
- Su tránsito - Sus amigos y colaboradores notaban su agotamiento
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Luis de Trelles, fundador y organizador 
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Don Luis de Trelles vivió siempre animado por un gran amor a Jesús Sacramentado y dedicó su vida a difundir el culto a la Eucaristía, participando y fundando varias organizaciones eucarísticas. |
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Don Luis de Trelles, durante su vida participó en muchas organizaciones y asociaciones piadosas, principalmente de carácter eucarístico, pero en algunas tuvo especial actuación como organizador y como fundador. Podemos señalar dos a las que dedicó mucha ilusión, mucho tiempo y muchos desvelos como organizador: La Asociación del Culto continuo al Santísimo Sacramento del Altar, una obra pía a la que permaneció afiliado don Luis desde 1858 hasta 1891; y el Centro Eucarístico de Madrid, que él fundó en 1872 y gestionó hasta pocos años antes de morir.
La Asociación del Culto continuo, o los Coros como se le llamó porque se componía de células locales, llamados coros, o sea agrupaciones de treinta y una personas que se comprometían a comulgar cada una un día fijo, en cada uno de los meses del año, para desagraviar a su Divina Majestad de las ofensas que recibe en el Sacramento de su amor, para formar así una especie de corro, corona o coro de comuniones sacramentales, formando un tejido social por todas las parroquias de España.
Esta práctica de la comunión en coros se inició en Andalucía por el señor don José María Zamora Granados, un comerciante de libros en Granada, que concibió el pensamiento del Culto Continuo, empezando a practicar la Comunión con su familia, y otros amigos; y muy pronto se extendió esta práctica por toda España. El Sr. Zamora Granados, gravemente enfermo, falleció en Mayo de 1868, dejando encomendada la obra al Sr. Obispo de Lugo, don José de los Ríos Lamadrid y a cuatro seglares, entre los cuales se encontraba don Luis, que asumió el cargo de secretario ejecutivo, y que se puso a trabajar intensamente para organizar y coordinar la Asociación.
En aquellos momentos España soportaba una situación caótica, un país descompuesto y empobrecido que sufrió la cruel revolución desatada en septiembre de 1968, que llevó a cabo una dura persecución religiosa, con leyes civiles que ahogaban fríamente a los católicos en general y especialmente a los eclesiásticos. Don Luis sufrió mucho, ante todo, por causa de la violenta e inicua persecución religiosa que ese nefasto acontecimiento infligió a España, y que precisamente en esos mismos días de la revolución soportaba una inmensa pena por la muerte de su único hijo varón, de dos años. A pesar de su dolor, el siervo de Dios se entrega al trabajo en la parcela del Señor, sin volver ya la vista atrás. Es el momento más arriesgado, en plena contienda revolucionario del 68, y ante tan desesperada situación, acepta la dirección de la Asociación del Culto Continuo al Santísimo Sacramento.
Esta asociación era ideal ante tales circunstancias, ya que su organización era muy sencilla, se coordinaba con simples recados, sin necesidad de arriesgarse con reuniones que pusieran en peligro a las personas. Y propagaban el mejor culto al Señor, que es la Misa y Comunión sacramental. A don Luís le movía el convencimiento, o sea la fe, de que el remedio frente a aquella persecución, era la comunión sacramental que, al poner al hombre en contacto e íntima relación con Dios, le otorga todos los auxilios de su gracia.
El siervo de Dios, utilizó a muchas personas en su campaña de difusión del Culto continuo; con ánimo esforzado, y superando enormes dificultades, trató de cuidar y coordinar un rebaño tan numeroso y tan disperso, y el correo fue su arma favorita, escribiendo sin parar a sus amigos y colaboradores. Con su celo ardiente consiguió que el Culto continuo se extendiera por toda España, con la promoción impresionante que hizo de la comunión sacramental, expandiendo en España el hábito de recibir el sacramento de la Eucaristía con frecuencia mensual, semanal, y aun diaria, en lugar de sólo una vez por Pascua florida o en peligro de muerte. Fue tal la difusión que en el aña1889, el Culto Continuo contaba con 270.000 asociados, distribuidos por toda España con 8.700 coros de 31 personas.
Don Luis advirtió, en cuanto se hizo cargo de la dirección de la Asociación del Culto continuo, que necesitaba disponer de medios adecuados si quería conseguir mantener y en lo posible expandir dicha Asociación, y por eso decidió hacia 1869 fundar una revista y crear una estructura organizativa mínima que permitiera gestionar, aprovechando sinergias ambas empresas espirituales. La idea de la revista, la lámpara del Santuario, la llevó a cabo sin mayores dificultades. Y su primer fascículo salió en enero de 1870. Esta revista sería un medio de comunicación y coordinación entre los distintos Coros, y una forma eficaz de ejercitar el apostolado.
El otro proyecto de erigir un centro organizativo se encontró con enormes obstáculos, que solo el consabido tesón de don Luis pudo superar y así, a fines de 1872 el siervo de Dios pudo fundar el Centro Eucarístico de Madrid, cuyo fin era Promover el culto y adoración de la Santísima Eucaristía, impulsar el recibir con frecuencia la Sagrada Eucaristía con el mayor fervor y humildad; y contribuir al decoro, aseo y limpieza debidos a nuestro amantísimo Jesús que reside en el sagrario….Este Centro Eucarístico se organizó de una forma muy sencilla y operativa con una pequeña asamblea general y un equipo de dirección, siendo él el director.
Pero la gran obra de Luis de Trelles fue la fundación de la Adoración Nocturna en España. Los orígenes de esta obra se remontan al sábado, 23 de agosto de 1862, en que el siervo de Dios, tuvo el honor de hacer una noche de oración al Santísimo Sacramento en Paris, y el gusto de adquirir la obra notabilísima de Mr. Saguette, sobre la Eucaristía. La lectura de esta obra y la práctica de aquella fueron el origen de su devoción al augusto misterio, tomando de la Adoración de París sus primeras lecciones... Pero este sueño de don Luis, de instaurar en España la Adoración Nocturna precisó de largos y fatigosas gestiones. Eran grandes las dificultades que surgían por causa de la situación política, que no permitía reunirse para hacer la Adoración de noche en las iglesias, y tardó algún tiempo en ponerse en práctica
Inasequible al desaliento, el siervo de Dios continuó haciendo propaganda de su proyecto adorador por todos los medios a su alcance, y cuantas más dificultades encontraba, más razones hallaba para actuar y promover la práctica adoradora, con el inconfundible calor de caridad que irradian sus discursos, diciendo: En presencia del audaz triunfo de la impiedad, de los desesperados esfuerzos de la herejía, de la fría indiferencia de la mayoría de los católicos, todo hijo amante de la Iglesia debe sentir un deseo ardiente de tomar parte activa en la lucha suprema del bien y del mal. Sólo una pequeña parte tiene la suerte de poder defender la buena causa con las armas, la palabra o la pluma. Pero a todos es fácil servirla con el buen ejemplo, y este buen ejemplo en ninguna cosa es más seductor, más eficaz, ni más agradable a Dios que en la práctica de las obras eucarísticas…
Todavía tuvo que soportar don Luis muchas frustraciones, penalidades y sufrimientos hasta lograr ver cumplido su sueño de echar a andar la Adoración Nocturna en España, pero no abandonó nunca el proyecto, aunque ciertamente aquellos sinsabores dejaron en su alma profundas laceraciones, En diferentes ocasiones y en años bien difíciles se había intentado en Madrid ensayar la piadosa práctica de la Adoración Nocturna al Santísimo Sacramento del altar[…] las muchas dificultades que encuentra siempre el establecimiento de buenas obras[…]obligaron a renunciar a su continuación cuantas veces se intentó…
Finalmente don Luis de Trelles pudo constituir la Adoración Nocturna en Madrid el día 2.11.1877, con el acta de constitución. Se habían superado enormes dificultades y obstáculos, que sólo la constancia y el ingenio del siervo de Dios fue capaz de culminar. En la noche 3 de noviembre de 1877, en la antigua iglesia de San Antonio del Prado se reunían los siete primeros adoradores, que con cuatro velas en el altar y tres hachas en las manos inauguraban la adoración al Santísimo Sacramento. Esta primera vigilia quedó marcada en la vida del siervo de Dios, que más tarde pudo decir:”Dios nuestro Señor se sirvió de este pequeño grupo que se fue ensanchando hasta reunir setenta (y más adoradores)…
Después de esta primera fundación, el siervo de Dios fue implantando la Adoración Nocturna en España, poniendo mucho esfuerzo, venciendo muchas dificultades y experimentando también las primeras alegrías y los primeros disgustos. Vio crecer el grupo de Madrid donde aumentaron los adoradores, incluso algunos jóvenes. Y del Centro Eucarístico de la capital, saltó la chispa del hogar Eucarístico a Zaragoza, en donde se inauguró la víspera del día de la Ascensión de 1879. Siguieron otras fundaciones en Valencia, en Granada…Estos logros impulsaron a don Luis a escribir: Gracias sean dadas a Dios por tan bellos resultados. ¿Quién será osado atribuirlos al brazo humano? ¿Quien no descubrirá aquí el dedo de Dios? De él desciende todo bien…
Don Luis comprendió que era preciso dotar a la Adoración de unos Estatutos y Reglamentos, tarea a la que puso manos a la obra, y pudo presentarlos al eminentísimo Cardenal/Arzobispo de Toledo que fueron aprobados el 11.5.1878., lo cual fue causa de gran alegría para el siervo de Dios que comunicó a sus lectores que ha caído sobre esta naciente obra la bendición de la Santa Iglesia con la aprobación de sus reglamentos”,
Don Luis no fundó la misma adoración que conoció en Francia, la dotó de una estructura jerárquica, y mayor disciplina, introdujo la media hora de meditación en el turno de vela ante el Santísimo Sacramento y la permanencia en la Vigilia durante toda la noche. Le asignó unos fines espirituales: Elevar las manos a Dios, esto es, orar, bendecirle, adorarle y rendirle culto…desagraviar al Señor por las ofensas que recibe… Y tratar de regenerar al mundo mediante la adoración nocturna al Santísimo Sacramento del Altar.
A partir de entonces se sucedieron las fundaciones de la Adoración Nocturna, realizándose así una implantación efectiva de la obra trelliana en España. Y aunque no faltaron problemas se continuó con la expansión de la Adoración Nocturna en toda la nación. Fundaciones en Murcia, Santiago de Compostela, Barcelona, Sevilla, Mondoñedo, etc. Con esta expansión pudo decir en 1883: con el corazón poseído del mayor gozo: El Señor, siempre grande y magnífico, nos da el ciento por uno, pues hoy se acercan, si no llegan a setecientos los adoradores en toda España.
El amor a la Eucaristía del siervo de Dios sufría de ver como muchos sagrarios y altares estaban abandonados y carecían de la debida limpieza y decencia por la situación de deterioro en que se encontraban muchas iglesias, y así concibió la idea de fundar una Asociación seglar femenina de Camareras de Jesús Sacramentado que se ocuparían de contribuir humilde y amorosamente a surtir a las iglesias pobres de paños y vasos sagrados de inmediato contacto con el Señor en su vida eucarística…
Estas dos fundaciones crecieron casi paralelas, realizándose así una implantación progresiva de la obra de Trelles en España, y aunque no faltaron problemas, fueron aumentando las secciones de la Adoración Nocturna en distintos lugares y algunas secciones de Camareras. Obviamente, don Luis no descansaba un minuto visitando secciones establecidas y promocionando otras nuevas, así como respondiendo consultas y aconsejando correcciones. También correcciones, porque en toda obra humana se puede desviar la auténtica línea fundacional. En especial corregía el individualismo, la rutina y la exhibición o publicidad.
Don Luis continuó su impresionante cabalgada fundacional hasta el momento de su muerte. Impresionante por el elevado numero de fundaciones imaginadas, planeadas y llevadas a cabo. E impresionante también por la carga de trabajo que originaba su gestión. Vivió para su obra, por ella tuvo grandes satisfacciones y también enormes sufrimientos, sobre todo en los últimos años de su vida, por dificultades en que surgieron censuras e intromisiones en la marcha de sus fundaciones, lo cual laceró su corazón que sólo buscaba la gloria de Dios. Fue una cruz como la que Dios manda a sus amigos, y que soportó con admirable paciencia y humildad.
Podemos pensar que si hubo disensiones y malentendidos que hicieron sufrir a don Luis, es que Dios así lo quiso, que la divina providencia lo permitió para acrisolar la virtud del fundador y consolidar su obra. Y así fue porque la obra de Trelles siguió creciendo y dio frutos positivos, uno de ellos el promocionar la presencia activa de los laicos en la Iglesia católica, adelantándose a lo que más tarde tanto inculcó el Concilio Vaticano II, pero que entonces no era bien visto.
El fuego del amor de Dios que ardía en el corazón del siervo de Dios se ha propagado y la Adoración Nocturna Española se ha expandido por toda España con innumerables secciones, y después de su muerte se ha extendido por México, Cuba, Argentina, República Dominicana, Portugal...
Y su espíritu sigue vivo: La vía del adorador nocturno es derramar su corazón en la presencia divina y recibir calladamente sus favores, ofreciendo oraciones a Dios, en reparación de los agravios que recibe en el augusto Sacramento, afectos íntimos de humildad y de amor, de compunción y de anonadamiento personal ante su real presencia.
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