Un laico católico que vivió encendido en amor a Jesucristo Sacramentado, fundó la Adoración Nocturna en España y puso su vida al servicio de la Iglesia.
Decía: “Somos soldados de Jesús Sacramentado y sólo sabemos hacer lo que hace Jesucristo: pedir al Padre por todos, por la Iglesia, por la paz del mundo, por los pecados, por todos los hombres…”
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- Vida Familiar - Tomo a María y José como ejemplo de familia
- Abogado - Fué llamado el "Abogado de los pobres"
- Político - Defendió sus ideales de justicia, libertad y legalidad
- Periodista - Lucho contra la censura y predicó la libertad de expresión
- Fundador - Fundó innumerables asociaciones de culto entre ellas la adoración nocturna
- Seglar - Luis fué un seglar que puso su vida al servicio del Señor
- Mediador de Canjes - Toda su vida ejercitó la virtud teologal de la caridad
- Su tránsito - Sus amigos y colaboradores notaban su agotamiento
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Luis de Trelles, Periodista 
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“Nosotros los escritores eminentemente católicos defendemos las creencias de nuestros padres; tarea altamente útil y loable en losa impíos y descreídos tiempos de indiferencia y ateismo” (Luis de Trelles)
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El Siervo de Dios desarrolló a lo largo de su vida importantes y variadas actividades. Es un hombre polifacético, pero entre todas sus tareas destacan dos, que cultivó toda su vida: La abogacía y el periodismo. De esta última puede decirse que fue su segunda vocación. Educado en un ambiente culto y refinado, fue un alumno brillantísimo en la etapa de los estudios secundarios, cultivó la literatura y manifestó desde muy joven sus dotes de comunicador
Muy pronto, siendo joven abogado comenzó a figurar en las columnas de los periódicos de su tiempo, manifestando una gran facilidad para expresarse, exponiendo con brillantez su pensamiento sobre las situaciones sociales de su tiempo. Escribió en periódicos de tipo diario, semanal y anual, y fue su obra muy notable, tanto por la cantidad como por la calidad de sus escritos.
Siendo joven abogado en la Coruña, comienza a escribir en el Centinela de Galicia, periódico “político, literario e industrial”. Era una publicación de línea conservadora, creado para combatir un diario “progresista” que allí se publicaba. Como es sabido, la orientación Conservadora se declaraba defensora de la Iglesia Católica; mientras la orientación Progresista se distinguía por su línea de persecución a la Iglesia Católica y de tendencia laicista. Ya entonces, Don Luis, expone sus ideas sobre los asuntos cruciales de la sociedad, que no agradaban a las autoridades, por lo que la publicación fue expedientada. No por eso se arredró el Siervo de Dios. Y continuará escribiendo en la Revista Periódica Jurídica y Administrativa de Galicia, donde publica varios artículos jurídicos, de gran importancia. En uno de ellos termina señalando que: “La investigación de la verdad es la piedra filosofal de la ciencia humana”.
Ya en Madrid, la actividad periodística de Don Luis gira en torno al periódico “El Oriente”, diario liberal de la tarde, fundado por Vicente Cociña, al que se adhirió Luis de Trelles y Tiburcio Faraldo. El ideario básico de esta publicación se expresa en un editorial aparecido el 3 de Mayo de 1854: “La ley más justa, el código más sabio y la Constitución más liberal, llegan a ser abominables si no se las practica con imparcial rectitud. La legalidad en la esfera política es la síntesis de la justicia, de la moralidad y de la libertad. […] La ilegalidad, por el contrario, es la negación de la justicia, de la moralidad y de la libertad.[…]
Queremos legalidad en el poder, en los partidos y en el país…
El periódico criticó abiertamente las actuaciones del gobierno de aquel momento, por no haber cumplido las promesas realizadas y nunca materializadas, por utilizar la censura previa sobre los medios de comunicación, y por haber creado falsas expectativas, totalmente incumplidas…y claro que esta posición crítica les valió a los redactores ser objeto de persecución por parte del Gobierno, hasta el punto de que el Fundador, Vicente Cociña tuvo que huir y el diario dejó de publicarse el 4 de Mayo de 1854.
El periódico había expresado su ideario: “Al entrar en el estadio de la prensa, nos hemos comprometido a decir la verdad, toda la verdad, por amarga que pueda parecer a determinadas personas”. Y también: “Escribimos para el público, a quien debemos decir la verdad, toda la verdad, y se la diremos siempre”. Pero la verdad no le agradaba al gobierno que había impuesto una severa censura de los medios de comunicación y el diario dejó de publicarse.
A partir de entonces, el Siervo de Dios se dedicó casi exclusivamente al ejercicio profesional de la abogacía, consternado por los acontecimientos que convulsionaban la Patria, y pasó por la inevitable crisis al comprobar que era imposible alcanzar el objetivo político por el que había luchado, dada la imposibilidad de hacer consonar los principios de la tradición política católica con las doctrinas cívicas de la revolución liberal. Pasó por una metamorfosis mental, una experiencia dolorosa que duró largo tiempo.
Pero en toda esta etapa que duró hasta el año 1870, no estuvo inactivo Don Luis. Además de su actividad como abogado, pasó por una honda reflexión y en su alma iba cuajando una nueva forma de encauzar su vida, una nueva orientación de todas sus energías, como cuando en una larga noche, surge suavemente la aurora. Este tiempo de reflexión no le impidió publicar algunas colaboraciones de carácter jurídico en El Faro Nacional, Revista de Jurisprudencia sobre los “Foros de Galicia”. Es que él había dicho: “En determinadas circunstancias que afectan a la Justicia, es forzoso dejar a un lado todo miramiento y salir al estadio de la prensa en defensa de los buenos principios.
Y el momento había llegado cuando los gobiernos masónicos, surgidos de la revolución de 1868 instauraron la persecución y acoso de la Iglesia Católica. Don Luis envió dos colaboraciones a “El Pensamiento Español”, diario Católico Apostólico Romano, tituladas: “La Unidad Católica” y “Más sobre la Unidad Católica”, defendiendo nuestra fe que estaba siendo perseguida.
Para entonces, el siervo de Dios ya estaba convencido de que lo más eficaz que se podía hacer para superar la revolución política y la apostasía religiosa en España, era impetrar la ayuda de Jesucristo Sacramentado; y Don Luis estaba convencido de la importancia de la prensa como instrumento pedagógico para configurar una opinión pública adecuada, para levantar a España de la postración y a la Iglesia de la persecución. Él hizo de la prensa periódica un instrumento crucial de la catequesis eucarística. Fue uno de los periodistas cristianos heroicos de aquel momento, que no se acobardaba ante la persecución que se promovía contra los periodistas que difundían el Reinado Social de Jesucristo.
En este empeño se propuso una publicación periódica dedicada exclusivamente al apostolado eucarístico y pudo fundar, al fin, en el año 1870, la revista “La Lámpara del Santuario”, de la que fue fundador, propietario, editor, y casi único redactor, y ya en adelante, se concentró en la prensa religiosa, dedicándose a su revista eucarística por entero. En esta obra volcó todas sus energías, su espíritu Eucarístico, sus dotes literarias, su fuego de apóstol, incluso los medios económicos. Hizo de esta revista un instrumento de apostolado y cuando no se permitía en España la publicación de medios católicos, Don Luis difundía su revista en todas las Diócesis españolas; y en ella trabajó hasta el final de su vida.
El siervo de Dios concebía el periodismo católico como el que tiene como fin el dar a conocer la verdadera doctrina católica. Y para él, este objetivo se designaba “La mayor gloria de Dios”: “Solo nos proponemos escudriñar lo que puede servir al lector para alabanza de Dios y ensalzar a su Madre Santísima”. Esto, mientras en España se difundían por amplios medios, doctrinas que atacaba a la Iglesia y se promovía un ateismo agresivo.
En este proyecto espiritual, Don Luis distinguía dos misiones: una constructiva destinada a la formación de la opinión pública referente al dogma, la moral y las normativa católica; y otra defensiva orientada a argumentar contra la ideología revolucionaria estructurada para destruir la visión católica del mundo y de la vida. A su entender, todo periódico religioso tiene que proporcionar a sus lectores “antídotos contra todas las malas doctrinas y contra toda la actual infernal propaganda del error.[…]Como la impiedad funda el triunfo de sus doctrinas asoladoras en la gran publicidad[…]que los llevan a los más retirados rincones, así debe la piedad imitar la actividad y los medios de propaganda, para difundir cuanto sea posible las enseñanzas y documentos de los grandes maestros de la religión y de los brillantes genios que Dios suscita en su Santa Iglesia. Y dice: De otro modo nos haríamos reos de ocultar bajo el celemín las esplendorosas luces destinadas a iluminar el mundo”. […]”Nuestra humilde revista coopera gustosísimamente a la propagación de todos aquellos escritos que se propongan pregonar las glorias de la santa Eucaristía, objeto único de sus afanes y blanco de su aspiraciones”.
En las situaciones críticas por las que estaba pasando España, el Siervo de Dios, responde con una fe inquebrantable, una fe firme que se traducía en él en confianza, pues, el Señor no falta jamás a los que confían en su Providencia, que nos guía por caminos impensados. Y así estaba convencido de que el periodismo es un instrumento bueno, creado e inmediatamente corrompido […] que debe ser regenerado…por los periodistas católicos. “La Providencia jamás se desmiente y por lo mismo no omite sus amorosos cuidados en todas las esferas de la vida del hombre. En donde quiera que se ejerza una actividad humana, atestigua el Señor su presencia, y suscita en medio […] del mal, una ráfaga de su luz bienhechora. Ved, por ejemplo, el periodismo […] fruto de de la libertad de pensar y publicar sus pensamientos, que la edad moderna nos ha traído. Pues al lado del periodismo “político”, se presentó, apenas nacido aquel, el “Periódico religioso”, que procura salvar […] sobre todo, la fe y la moral católica, con todas sus consecuencias”
Lo que el siervo de Dios anhelaba conseguir mediante La Lámpara del Santuario, era construir La ciudad de Dios, el Reino de Jesucristo. Y se volcó en esta empresa. Dotado del don de la palabra escrita y hablada, escribió páginas bellísimas, de gran hondura teológica, donde expresaba el ardor de su amor a Jesús Sacramentado, su celo de apóstol y el ansia por dar a conocer los tesoros escondidos en el Santísimo Sacramento. Sus palabras llenas de calor espiritual, de humildad y de inteligencia quieren penetrar en el misterio para acercarlo a los fieles. Quiere hacer una teología de la divulgación, que acerque a los fieles al Sacramento; y sin duda que su calor, su fe y su pasión han sabido acercar a los fieles al Misterio de la Eucaristía. Leyendo sus páginas, uno adivina la hondura de su alma que se atreve a penetrar en el arcano de la fe y en su contemplación.
En resumen, se puede decir que Don Luis de Trelles siguiendo su vocación a la santidad, supo incardinarla en su segunda vocación al periodismo, que lo vivió con alma de apóstol, como un defensor de su fe y con el único fin que lo animaba: LA MAYOR GLORIA DE DIOS.
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