| |
Un laico católico que vivió encendido en amor a Jesucristo Sacramentado, fundó la Adoración Nocturna en España y puso su vida al servicio de la Iglesia.
Decía: “Somos soldados de Jesús Sacramentado y sólo sabemos hacer lo que hace Jesucristo: pedir al Padre por todos, por la Iglesia, por la paz del mundo, por los pecados, por todos los hombres…”
Si desea ver la biografía completa clicke aquí
- Vida Familiar - Tomo a María y José como ejemplo de familia
- Abogado - Fué llamado el "Abogado de los pobres"
- Político - Defendió sus ideales de justicia, libertad y legalidad
- Periodista - Lucho contra la censura y predicó la libertad de expresión
- Fundador - Fundó innumerables asociaciones de culto entre ellas la adoración nocturna
- Seglar - Luis fué un seglar que puso su vida al servicio del Señor
- Mediador de Canjes - Toda su vida ejercitó la virtud teologal de la caridad
- Su tránsito - Sus amigos y colaboradores notaban su agotamiento
|
Luis de Trelles, un seglar que puso su vida al servicio del Señor 
|
El siervo de Dios vivió su vida de fe de una manera heroica en medio del mundo, en las diversas actividades seglares, y el amor a Jesucristo Sacramentado conduce a don Luis a confesar su fe en la plaza pública. |
|
|
 |
Don Luis fue un cristiano laico que recibió los sacramentos del Bautismo, la confirmación, la penitencia, la eucaristía, el matrimonio y la santa unción. Es decir todos los sacramentos, menos el orden sacerdotal. Fue sencillamente un cristiano seglar que dedicó su vida a su profesión secular como abogado, periodista y político. Que vivió su vida de fe cristiana en el mundo, con una entrega tal, que estuvo a punto de dar la vida por ella, como muchos santos.
Su vida se desarrolló en una época de crisis moral, de indiferencia, de apostasía y de persecución religiosa, en pleno siglo XIX, en medio de profundos desastres sociales en que estaba sumida la cristiandad en España, en Europa y en América. Eran tiempos aciagos, y en esta situación el siervo de Dios vivió su vida de fe de una manera heroica, trató de contrarrestar el mal con el bien y quiso inculcarla en todos los que estaban a su alcance, buscando una restauración social dirigida por el único camino seguro de obtenerla: por el amor, por la adoración, por el culto ferviente, por las constantes expiaciones ofrecidas al Dios de la Eucaristía, para lograr la instauración del reinado de Cristo en toda la tierra.
Como recursos para conseguir este Reinado de Jesucristo buscó los medios más adecuados: 1.-La oración y el sacrificio: La oración fervorosa produce la generación de santos y la conversión del mundo: El sacrificio ofrecido en espíritu de humildad y con ánimo contrito…por la propia y ajena conversión. 2.-- La Comunión y la adoración al Santísimo: Un sola comunión bien dispuesta…basta para hacer de un malvado un santo y para alcanzar la salvación de un pueblo… Y también: La adoración al Santísimo Sacramento conduce a la mayor gloria y honra de Dios, y a la salvación del mundo, en los calamitosos tiempos que atravesamos. 3.- El apostolado y la catequesis: Los apóstoles son la luz del mundo. Y también: Popularicemos los dogmas de nuestra fe.
Por estos medios el siervo de Dios buscaba la renovación del mundo, el restablecimiento del imperio del amor divino, la salvación de la humanidad, la revisión de la fe de la tierra…, el triunfo de la Iglesia, la regeneración y la paz del mundo, la conversión de todos los enemigos del catolicismo… el rescate del linaje humano…y los bienes materiales que nos serán dados por añadidura… que después de esta vida Dios nos reciba en su eterna paz.
El siervo de Dios confesó su fe católica, cooperando con los consagrados, sacerdotes, Obispos y el Papa en la tarea de difundir y acrecentar la fe en los ámbitos donde él actuaba, como un apóstol imbuido del sentimiento de que todo cristiano, por el hecho del bautismo, es un miembro activo que debe propagar sus valores cristianos con el testimonio de su vida y su fidelidad a la Iglesia, de forma continuada. Vivió siempre como un cristiano ferviente, que confesó su fe católica de una forma extraordinaria, arriesgando su vida, sacrificando tiempo, patrimonio, libertad y ocio, y poniendo al servicio de esa tarea el ejercicio sobresaliente de muchas virtudes, practicadas con un cuidado, una delicadeza, un amor, una paciencia y una perseverancia verdaderamente admirables. Puso su vida entera al servicio de su Señor, descubrió el amor de Dios y se entregó a El sin reserva y en su trayectoria descubrimos una rica espiritualidad. Este tema tan sugerente sobre lo heroico de sus virtudes es de una gran belleza y lo vamos a distribuir en tres secciones para manifestar sus cualidades:
1.- Los diversos campos de trabajo donde vivió su testimonio cristiano:
1.1- El primero de estos campos fue la sociedad civil, donde él ejerció su profesión como abogado, jurista, periodista, en el vasto círculo de sus amistades de clase media y alta. En ese ambiente trató de vivir su fe cristiana con espíritu apostólico. Colaboró en innumerables obras apostólicas y de culto. Y su labor catequética la desarrolló sobre todo en escritos y publicaciones, De una manera especial en la publicación de la Revista La lámpara del Santuario.
En el ejercicio de su profesión de abogado y jurista promovió siempre la justicia y el derecho, defendió a los marginados y desheredados. Dios llamó a su siervo Luis de Trelles a la vocación profesional de abogado y él fue fiel a ella durante toda su vida de una forma virtuosa que raya en la heroicidad. Esta vocación de abogado la ejerció toda su vida. Se preciaba de su oficio de abogado defensor de causas. Y esta profesión la vivió como un deber de defender siempre la verdad, de amparar a los pobres y marginados. En el ejercicio de su profesión tuvo siempre presente a Nuestro Señor Jesucristo, como el abogado a quien debía imitar como modelo, abogado de los pobres pecadores, abogado de la humanidad decaída, abogado e intercesor que ejercita una solicitud perenne, continua e incesante por los pobres pecadores…Jesús es nuestro abogado ante el trono de Dios, como dice San Pablo.
1.2.-Como periodista, su segunda vocación, desempeñó una gran actividad. Su dedicación a la prensa fue polifacética y creativa y en ello dedicó tiempo, energías esfuerzos e ingenio, y don Luis hizo de la prensa periódica un instrumento crucial de la catequesis, cuando en su tiempo, casi todas las publicaciones desarrollaban una labor secularizadora y anticristiana, pero él movía su pluma para propagar el reinado social de Jesucristo, sin acobardarse ante la persecución y el acosamiento. En sus escritos defendió siempre la Iglesia Católica, la verdad y la justicia: Como escritores eminentemente católicos deseamos difundir las creencias de nuestros padres, popularizar los dogmas de nuestro catecismo, y combatir los sofismas heréticos de la filosofía proudhoniana…La libertad es imperecedera como la Iglesia Católica, de cuyo seno ha salido, y con cuya sabia se nutre.
Pero la gran aportación de don Luis de Trelles como escritor fue con la publicación de la revista La Lámpara del Santuario, donde invirtió todas sus energías y en la que manifestó su talante de confesor católico, y la única en que lo hizo durante muchos años con completa libertad como propietario y director único, y en la que quiso realizar el supremo ideal de buscar la mayor gloria de Dios. En ella volcó el siervo de Dios sus mejores cualidades de escritor, de comunicador, de poeta, pero sobre todo su alma de apóstol, haciendo de la revista un altavoz para proclamar el Reinado de Jesucristo, y un instrumento de catequesis para instruir y edificar a los fieles y propagar el culto al Santísimo Sacramento. ¡Ojala que pudiera yo, con tu ejemplo, lámpara del santuario, consumir mi vida entera en el servicio del Señor…procurando entender el lenguaje misterioso y simbólico de la lámpara que nos llama al culto y adoración perenne… a la intimidad con Jesús hostia […] y desee consumirse y disolverse y morir de amor a sus pies…
2.- Como defensor de los marginados. La obra heroica de redentor de cautivos.- El siervo de Dios realizó una tarea ingente, en el canje de prisioneros de guerra, cuando en España se enfrentaron dos bandos contrarios en una guerra fraticida y en ese escenario realizó una campaña extraordinaria, consiguiendo liberar a más de 20.000 prisioneros que estaban condenados a toda clase de penurias e incluso a la muerte. En la batalla del canje de prisioneros el Siervo de Dios ejercitó la caridad cristiana de una manera heroica y en esa empresa tuvo que superar enormes obstáculos y padecimientos. Fue una tarea durísima, que acarreó a don Luis muchos y duros sufrimientos, ingentes sacrificios, incluso tuvo que pasar por injurias y difamaciones, y todo lo llevó por amor a Dios y por liberar a los cautivos de sus penurias. El se guió siempre por principios de compasión por la humanidad: Rivalizo en buenos deseos por el bien de la humanidad de los pobres prisioneros, a cuya idea sacrifico siempre todo lo que está en mis facultades...
El principio de justicia: No es justo, y usted no puede quererlo, que se nos mueran de necesidad los prisioneros…
El principio de caridad: Quiero emplear mi pobre esfuerzo en defensa de tantos y tan graves intereses, pues los vencidos no tenemos otro juez que Dios… He contribuido en los canjes humildemente al bien de la humanidad con los amigos y con los adversarios siempre que tuve ocasión de hacerlo.
Y esa actividad a favor de los más indefensos, fue una actitud que trasfundió toda su vida. Además de la tarea de canjes de prisioneros, el siervo de Dios mantuvo siempre un compromiso con los marginados por imperativo de la caridad cristiana, con la atención a pobres y marginados.
3.- Virtudes del siervo de Dios
El itinerario de la vida del siervo de Dios, nos muestra que siempre mantuvo una línea de fidelidad a sus principios cristianos, y sin duda que a lo largo de su vida sintió que la mirada de Jesús se posaba sobre él y en algún momento tuvo un encuentro de amor con el Señor. Aunque no sabemos con certeza cuando se realizó ese encuentro, hay un momento que fue decisivo: fue la visita que hizo a Francia, cuando por primera vez adoró a Jesús Sacramentado de noche en Paris. A partir de ese momento su vida cambió de color y se centró en la adoración del Santísimo Sacramento. Es el amor a Jesucristo Sacramentado lo que conduce a don Luis de manera irresistible a confesar su fe en la plaza pública y a ofrecer los medios y las ayudas a todos los españoles para que también ellos hagan lo mismo, y a partir de entonces concentró todos sus esfuerzos hacia el único objeto: proclamar la grandeza del sacramento de la Eucaristía.
En este empeño el siervo de Dios actuó siempre con humildad y discreción. Nunca buscó el ruido ni la ostentación. Fue un confesor sencillo, discreto, que perfumaba el ambiente como la violeta humilde y escondida, sin hacerse notar. Esta línea de actuación lo explicó con frecuencia: En el orden de la gracia, todo lo que hace Dios es callado y misterioso. Somos agricultura de Dios. La gracia y la adversidad, cual ministros de Dios, van labrando las almas para disponerlas a la bienaventuranza y enriquecer el reino de la gloria.[…]¡Con qué silencio, con que misterio rodea el Señor sus maravillosas operaciones!.
En todas sus actuaciones, el siervo de Dios se guió por tres principios que fueron las notas distintivas de su espiritualidad: 1.- El planteamiento seglar en todas sus actividades. Fue un laico humilde que confesó a Cristo Sacramentado entre los laicos lo mejor que pudo, y buscando con delicadeza que otros muchos laicos hicieran lo mismo; y a eso dedicó todos sus esfuerzos, porque consideraba que la carga de la confesión pública de la fe cristiana en la sociedad…corresponde a los laicos en la vida pública.
Consideró que en esta época, que es producto de la rebelión de unas masas teledirigidas por medios colosales de difusión de alcance global la confesión de la fe cristiana debe hacerse de forma humilde y delicada, con medios pequeños y locales, preferiblemente boca a boca, y en la catacumba: como al principio.
En nuestra época, que es producto de una sociedad dividida en minorías dirigentes que solo se fían de la ciencia y la razón, nada más, La confesión de la fe cristiana tiene que predicar un misterio religioso central, el misterio de Jesucristo Sacramentado, subordinando a ese todos los demás en el mensaje confesional (de los cristianos seglares)
Mantener de forma práctica esos tres principios le costó al siervo de Dios muchos pesares y sufrimientos que él ofreció al Señor en forma de ese corazón contrito y humillado que él nunca desprecia. Él fue un confesor eucarístico, humilde y laico, que quiso alabar al Dios de su corazón y a su Señor Jesucristo con la boca pura de los confesores, con la candidez de las vírgenes, con el ardor de los mártires y con el amor, en fin de las almas santas…Y expresó su deseo: seré como rocío, germinaré como el lirio y mi raíz brotará como las del Líbano, Anheló llegar a ser uno de eso varones justos que operan su salvación con amor y temblor aquí en la tierra, y después de haber muerto, propagan, contagian y dilatan la timiama de sus virtudes.
Y estos deseos del siervo de Dios se han visto colmados por la gracia de Dios, porque el aroma de sus virtudes, que él ocultó con tanto cuidado, se expande hoy en la Iglesia y lo perciben todos los que, de alguna manera, hemos llegado a tener ese encuentro con don Luis. Su ejemplo nos muestra la belleza de sus virtudes y lo valioso de su testimonio, de tanta actualidad en los tiempos que corremos, que ciertamente guardan gran similitud con los que él vivió. De él podemos aprender los seglares cristianos a dar testimonio en nuestro mundo tan necesitado de testigos. Fue un adelantado a lo que en nuestros días nos dirá el Papa: “Pertenece a todo creyente católico ser, en el mundo de hoy, un destello luminoso, un foco de amor y fermento en medio de la masa, y cada uno lo será según la medida de su unión con Dios”
Ojala que este aroma se extienda más y más, y pronto lleguemos a verle reconocido en la Iglesia y proclamada su santidad.
Subir>>>
|
|